Sobre la fe
A propósito de la nota doctrinal de la Conferencia Episcopal Española sobre el papel de las emociones en el acto de fe
Querida Martina: imagínate que eres María Magdalena, coetánea y amiga de Jesús de Nazaret. Oyes que afirma: «Yo y el Padre somos uno». No hay equívoco posible. Los judíos entienden perfectamente que se equipara a Dios, porque «agarraron de nuevo piedras para apedrearlo» (Juan 10:30-31). Más adelante, ese mismo Jesús, crucificado y muerto, resucita, se te aparece y te pide que anuncies que has visto al Señor (Juan 20:16–18).
Pasan dos mil y pico años y aquí estoy yo, Lotrives, dándole vueltas a esos acontecimientos. Primero, debo dar por auténtico el texto de los Evangelios, algo que al parecer no ponen en duda ni los mejores exégetas ateos. Segundo, y sobre todo, tengo que confiar en que Jesús de Nazaret no mentía y en que no me engaña ahora. Te pido que te fijes en esto último. La fe se reduce a confiar en ese Jesús de Nazaret, una persona humana que a la vez se atribuye ser Dios, el único Dios verdadero. Es un misterio supremo y decisivo.
Te voy a poner otro ejemplo más asequible y de segundo nivel, lógicamente. Josemaría Escrivá de Balaguer afirmó que recibió una gracia de carácter sobrenatural el 2 de octubre de 1928. Dios le pedía que fundara el Opus Dei. «En el caso de Escrivá, la originalidad del anuncio estribaba en que lo había acogido de forma carismática, es decir, que lo consideraba un don de Dios y no un fruto de reflexión personal». Todo el Opus Dei descansa sobre la declaración de Escrivá de que Dios le hizo ver la Obra y sobre el hecho de que se confíe en él.
La palabra española fe procede del latín fides, que significa confianza, lealtad, fiabilidad. Irradia la idea central de confianza depositada en alguien o en algo. En griego, la lengua del Nuevo Testamento, se utiliza la palabra pístis (πίστις), que quiere decir también confianza.
Martina, la decisión fundamental de la vida es esta: confiar en Jesucristo y actuar en consecuencia o no confiar en Jesucristo y seguir otros caminos. Todo lo demás: si la fe es razonable, si hubo mártires, si hay santos, en qué consiste la doctrina católica, etc., etc., es importante, muy importante, pero secundario, cada vez más secundario según se van cumpliendo años.
¿Que por qué te digo todo esto? Porque esta semana, el 3 de marzo de 2026, la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha publicado una nota sobre el papel de las emociones en el acto de fe. El «emotivista religioso», dice la CEE, «hace depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento y a lo placentera que pueda resultar, lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas». Sin embargo, «el anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida».
¿Dónde percibe emotivismo religioso la CEE? ¿En experiencias como Emaús y Effetá? ¿En los Cursillos de Cristiandad? ¿En las Comunidades Neocatecumenales? ¿En Hakuna? ¿En el Opus Dei? No lo sé. En su nota doctrinal, la CEE no cita a ninguna asociación, pero esas serían las sospechosas habituales.
Sin querer ser presuntuoso, a la nota de la CEE me parece que le faltan los cinco párrafos primeros que yo te envío en esta carta, Martina, y a ti te los dedico, porque sé que eres una buscadora de sentido.
Lotrives, Madrid a 6 de marzo de 2026
P. S. El 28 de febrero de 2026 tuve un encuentro con mis antiguos compañeros del Colegio Santo Domingo (Orihuela). En el almuerzo, me senté junto a un profesor mío, don Manuel Espinosa Aguilar, que ha cumplido 91 años y se encuentra mejor que yo. Me contó que cuando el Colegio Santo Domingo lo llevaban los jesuitas, hasta 1956, y don Manuel cursaba el bachillerato, uno de sus profesores, el prefecto de Estudios, era Ramón María Torelló, «una bellísima persona». «Cuando Ramón María se marchó a Alicante, fui a verlo muchas veces allí. Me encantaba hablar con él», añadió don Manuel Espinosa. Yo, Lotrives, conocí en Viena a un hermano de Ramón María: Juan Bautista Torelló, sacerdote numerario del Opus Dei, otra «bellísima persona», le contesté a don Manuel.
Las citas sobre el Opus Dei están tomadas de las páginas 34 y 36 de este libro: González Gullón, José Luis & Coverdale, John F. (2025). Historia del Opus Dei (5.ª ed.) [eBook Kindle]. Ediciones Rialp. Publicado originalmente en 2021.
Crédito de la imagen: La incredulidad de santo Tomás (1602). Óleo de Caravaggio (1571-1610). Fotografía de Reinhard Fuchs. Dominio Público. Tomada del archivo de Wikimedia Commons


Muchas gracias, Antonio, por tu comentario. Tu texto va mucho más allá de que lo que yo pretendo con mi artículo: señalar que la fe es confianza en Jesús de Nazaret. Analizar seriamente lo que expones me parece que sería tarea al menos de una buena tesis doctoral, y desde luego yo no dispongo ni de fuentes de primera mano para ello ni de contexto para situar en su lugar las frases que citas. Te deseo un buen fin de semana. Un abrazo.
Gracias por compartir tu sabiduría sobre la fe. Nos ayuda a muchos. Un abrazo